Gucci, la historia.

La de la firma Gucci es una historia digna de ser llevada a la gran pantalla. Fue Guccio Gucci, un joven florentino impresionado por el lujo el que, en el año 1920, abrió una tienda en su ciudad natal basada en el trato artesanal del cuero. El buen hacer en los acabados y la calidad de los materiales empleados provocaron el inevitable éxito de aquella pequeña empresa cuyas señas de identidad eran los bolsos, los cinturones tricolor y los ya míticos mocasines. Poco después y con la ayuda de tres de sus hijos -Aldo, Vasco y Rodolfo-, Guccio comenzó la expansión de la compañía abriendo sucursales en Milán y Roma, además de la tienda que ya poseían en Florencia, concretamente en la Via della Vigna Nuova. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el mundo y la economía desperezándose, la marca comenzó su internacionalización estableciendo una sucursal en Nueva York. Por aquel entonces, las décadas de los cincuenta y sesenta, la jet set y el star system de Hollywood enloquecía con la G de Gucci, lo cual contribuyó a convertir a la marca en un símbolo del lujo mundial.

Sin embargo, en los años ochenta, algunas disputas familiares internas y la expansión despersonalizada a nivel mundial condujeron a Gucci al descrédito y a la pérdida de influencia y de capital económico. Cuando Rodolfo, uno de los hijos de Guccio y el responsable de la globalización de su logo, murió en 1983, su vástago Maurizio tomo el control de la compañía. Conviene resaltar un dato importante antes de continuar: en 1989, Dawn Mello, directora de los grandes almacenes neoyorquinos Bergdorf Goodman, aterrizó en la firma convirtiéndose en una de las pieza fundamentales en la recuperación del relumbrón perdido. Finalmente, Maurizio vendió Gucci en 1993 a la firma Investcorp, poco antes de morir en un asesinato urdido por su propia esposa. Fue precisamente Mello la responsable de la elección de un, por aquel entonces, joven y desconocido Tom Ford, una de las mayores revoluciones que la moda a conocido en los últimos años.

bolso Gucci

Con el apoyo de Dominico De Sole, el americano, impuso un nuevo paradigma y devolvió la mirada hacia el Nueva York de los años setenta -cuando la ciudad “era metrópolis de destino y el mítico Studio 54 su cuartel general”-. Su célebre colección otoño-invierno de 1995 compuesta por pantalones de terciopelo ceñidos a la cadera, blusas de seda y escotes de vértigo, desterró la, por aquel entonces, dominante estética grunge y minimalista. Fue precisamente el look descrito -camisa de saten desabotonada hasta el ombligo, pantalón de terciopelo negro y zapatos de charol con hebilla- el que, envolviendo a Madonna durante la entrega de los MTV Music Awards del 95, hizo saltar el nombre de Tom Ford -un personaje que parece sacado de una novela de Bret Easton Ellis- a la palestra cuando, tras recoger el galardón al mejor álbum por Ray of Light y ante la pregunta por su estilismo, ella respondió entusiasmada: “¡Gucci!”.

La nueva estrategia de Gucci con Ford al frente quedaba definida: prendas con un fuerte componente sexual y el mejor escaparate para mostrarlas, las faldas de las colinas de Hollywood. Según Vogue España, “el creador texano diseñó prendas y accesorios útiles para una mujer dispuesta a dormir por la mañana y brillar por la noche”.

Sin embargo, los logros de Ford en Gucci no se limitan a devolver a la firma a lo más alto. Junto a Domenico de Sole, construyeron en tiempo récord un sólido conglomerado basado en la adquisición de YSL, McQueen y Stella McCartney y en la revitalización de Balenciaga y Bottega Veneta -suyas son las decisiones de poner al frente de estas dos firmas a Nicolas Ghesquière, en el primer caso, y a Tomas Maier en el segundo-. Su reinado culminó repentinamente en 2004 cuando decidió marcharse de Gucci poco después de que el grupo fuera adquirido por la compañía Pinault-Printemps-Redoute. “Mi ropa siempre es sexual, glamurosa, sobrepuesta, lacada, pulida. Tiene una calidad quebradiza hasta llegar a lo cristalino”, afirmaría Ford al respecto de su paso por Gucci.

La tercera edad dorada de Gucci llegó después de Tom Ford y de la repentina partida de Alessandra Facchinetti, con Frida Giannini, hasta ese momento, encargada de diseñar los complementos de la firma, que será nombrada diseñadora de la colección prêt-à-porter y directora creativa de la colección de hombre, en sustitución de John Ray. Giannini, diseñadora italiana, tomó el testigo dispuesta a suavizar la imagen sexy y agresiva de la casa legada por Ford. “Me gustaría cambiar la reputación de fiestera que connotaba a la chica Ford de los 90. Por supuesto la mujer Gucci siempre será sexy, pero tiene que serlo de un modo contemporáneo y, hoy en día, lo sexy tiene que ver más con la inteligencia y la seguridad”. Una de las principales caracterísiticas de este nuevo período es la sustitución del característico negro de Ford por el color y los estampados: “Soy una apasionada de los estampados y del color”. A lo que añade: “Creo que la agresividad sexual me parece obsoleta, incluso diría que vulgar”.

 

Frida, gran apasionada de los caballos -“ha sido una casualidad, los motivos ecuestres forman parte de la firma desde sus inicios y yo monto desde pequeña”- se enfrenta, al poco de llegar, a una nueva situación económica de orden mundial provocada por la crisis financiera. Su respuesta al panorama de malos augurios y bancarrota es una estética brillante y una vocación glam. En su colección para el otoño-invierno 2010 se acerca a los icónicos ochenta -justo la tendencia contraria a la que catapultó a Ford- y confiesa: “Quería dar un toque de optimismo”. No es lo único en lo que se aleja del diseñador texano. Según ella, sabe lo que las mujeres reales necesitan. “Sería un error crear una colección pensando sólo en las celebrities que acuden a entregas de premios. Otras muchas mujeres asisten a cenas en Nueva York y también visten de Gucci, y para mí esto es muy importante”, confiesa.

A finales de 2014 se anuncia que Giannini deja Gucci. La diseñadora presenta su última colección la femenina de otoño/invierno 2015-16– durante la semana de la moda de Milán. “Deseo agradecer a Frida su pasión, su dedicación y su contribución a la historia de Gucci” rezaba el comunicado enviado por el presidente y CEO del grupo François-Henri Pinault.

comienzos de 2015, un desconocido para el gran público sale a saludar al final del desfile masculino otoño-invierno de Gucci. Se trata de Alessandro Michele, mano derecha de Giannini. El hasta entonces adjunto de la creadora italiana, nacido en Roma, formado en Fendi pero trabajando para Gucci desde 2002, se confirma como nuevo director creativo de la marca. Michele, con su estética retro, obtiene un éxito inesperado al frente de la casa de moda italiana y se convierte en un auténtico referente para la industria.

 

 

Fuente: Vogue.es

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