Confesiones de Alessandra Ambrosio

Ser un ángel de Victoria’s Secret no es fácil. Y quien diga lo contrario, miente como un bellaco. Puede que todo culmine en un espectáculo anual entre besos lanzados a cámara y contoneos a final de pasarela, pero detrás hay un ejercicio metódico que se repite día tras día. Nieve, llueva o haga sol. O lo que es lo mismo, te apetezca enormemente descargar adrenalina o te siente como un jarro de agua fría. Da igual, su trabajo es mantener un físico pluscuamperfecto y les pagan por ello. Pero la complejidad se incrementa si tienes que demostrar que, aún siendo veterana en el paraíso, lo vales y que enfrentarse a dos embarazos no te ha pasado factura en absoluto.

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Adriana Lima y Alessandra Ambrosio, el tándem de veteranas por excelencia, lo han demostrado con creces. Es más, esta última reconoce tener una relación emocional más saludable con su cuerpo y con su dieta desde que es una supermamá. “Creo que tengo mejor cuerpo ahora que antes de tener a mis hijos. No es sólo porque lo trabajo mucho, cosa que antes no hacía, sino también porque ahora está más formado y eso me gusta”, explica en una entrevista para The Edit de Net-a-Porter. En Brasil, debido a “la cultura del carnaval, donde desfilan mujeres con apenas un diminuto biquini, tanga o plumas; los cuerpos son espectaculares. No porque sean perfectas, sino porque aman la vida. No se trata de poseer un físico de Barbie, se trata de tener las curvas correctas, sean del tamaño o proporciones que sean”.

Cada vez que ha dado a luz se ha visto obligada a ponerse en forma en tiempo récord, cosa que le sucederá también a sus compañeras (madres primerizas) Behati Prinsloo y Candice Swanepoel. “Después de Anja, sólo tenía tres meses para perder peso antes del show de 2008 y tuve que volver al programa de 1.200 calorías que tanto odio”. Precisamente esto le ha enseñado a ser defensora acérrima de una dieta equilibrada con pequeños caprichos gastronómicos: “Todo gira en torno a la moderación y variar un poco cada día. Obviamente, trato de no excederme con la pasta, pero si estoy en Brasil, donde todo es pasta y pan delicioso, pues obviamente como. Cuando regreso a Los Ángeles, lo compenso con ensaladas de pollo y pescado con verduras”.

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“Cada vez que me pongo a dieta, todo va cuesta abajo. Así que si quiero un pequeño bocado de chocolate negro o disfrutar de un cóctel con mis amigos el fin de semana, pues lo tengo. De hecho, tomo un vaso de vino con la cena casi todas las noches y dos o tres veces por semana voy con mi hija Anja a por una taza de té con una magdalena”. Un comportamiento que dista mucho del que tenía en su temprana adolescencia: “Cuando empecé a generar mi propio dinero a los 15 años, me gustaba ir al supermercado y llenar la cesta con galletas, helados y yogur. Todo los dulces que puedas imaginar. Hay ocasiones en los que aún me tomaría un paquete entero de galletas, pero luego me recuerdo a mí misma que la sensación posterior no es buena. Además claro que supondría, a largo plazo, perder mi trabajo y eso es un gran incentivo”

Fuente: Vogue

Fotos: © GETTYIMAGES

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