Abrigos de piel ¿clásico o pasado?

Ayer Vetements presentó su colección masculina de otoño-invierno 2017/18 en París (de manera simultánea a las colecciones femeninas de Alta Costura de la temporada primavera-verano 2017: como siempre, la firma de Demna Gvasalia remando a la contra). Y por si esa desincronización no fuera ya lo suficientemente epatante, la marca optó por hacer un desfile mixto lleno de looks completamente normales en el sentido más estricto de la palabra. ‘Más allá del normcore’, lo titulaba mi compañera María José Pérez Méndez, para ser exactos.

abrigo de piel

En su crónica del desfile están todas las claves para entender este fenómeno sociológico (si a estas alturas alguien cree que Vetements es solo una marca de moda es que no se ha enterado de nada), pero de los 35 looks yo me quedo con el primero: una señora mayor maravillosa con el típico look que cabría esperar de una señora mayor maravillosa. Esto es: melena plateada perfectamente armada en la peluquería de confianza, gafas de sol extragrandes, zapatos de piel con tacón medio y un abrigazo de piel, muy probablemente de visón. La clásica señora del barrio de Salamanca, o “la señora milanesa”, como la etiquetaba el propio Gvasalia en el backstage.

Se pueden decir tantas cosas de ese look que es difícil saber por dónde empezar, pero de todos los posibles análisis me quedo con el abrigo. De piel y con un patronaje clásico a más no poder: de silueta evasé, con mangas ranglan y cuello redondo; salvo por el detalle de la manga que tiene el forro a la vista. Una pieza única confeccionada a partir de dos abrigos vintage.El director creativo de Vetements no pretendía otra cosa que convertir en algo absolutamente reseñable y deseable algo prosaico, familiar e incluso alienante(en cuanto a considerar dichos looks uniformes sociales), pero lo cierto es que su discurso se va aligerando, licuando y, sobre todo, simplificando, a media que cala en segmentos más masivos de la industria. Demna tiene sus propios motivos para reivindicar ese abrigo, pero lo cierto es que el mensaje que terminará llegando será este: vuelve el abrigo de piel de tu abuela. Y lo digo sin rastro de acritud, creo que conseguir eso tiene un mérito infinito.

Así que, consideraciones éticas aparte (que las hay en este tema y son muchas y muy importantes), lo cierto es que el furry coat de toda la vida se lleva. Y se lleva en un nivel tan literal que duele: al final acabamos amando todo aquello de lo que una vez renegamos. Ésa es la verdadera venganza de Gvasalia.

Fuente: Vogue.es

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